POESÍA

Canto y latido

Así, en el temblor del aire,

en el tejido fabuloso de la tarde,

en el hilado profundo.

Canto y latido en las ondas

vibra mi vida.


Ser noche que dispara

o ser dardo que acude.

Y ser en la noche

y en el dardo

el incienso que queda.

Perfección de lo pequeño


Si el verde se cuece 

en esta casa,

en la terraza que abierta

florece en su milagro cuadrado,

es por el don de lo pequeño.

Por el rincón que aguarda la lectura

y su cita con la noche,

la baldosa sustraída 

al azar del juego,

la pequeña canasta escondida

bajo la enredadera,

o los besos del sofá,
 
mis favoritos.

Tatuaje en el Marais

Perfilo con mis dedos

el horizonte de tus hombros:

hacia allí vuela mi boca.

Mis yemas van bajando

en su tranquila labor

por la blancura del brazo:

aquí encuentro mi islote.

Mi decidida mano

arrastra por tu piel

el mar, el fuego, vientos

que empujen las velas…

Aquella noche

dibujé en tu cuerpo

tus mejores años

y los míos.

Sonia de Klamery

Como una Eva

en el jardín lejano,

hechizado el Edén

hechizado el edén

tras de su cuerpo

de ave.

Nostalgia el pavo real

del plumaje en su cintura,

de la seda de sus medias,

de la luna entre su escote.

Detrás el paraíso

en una bruma de limones,

con el celo del mar lapislázuli

ensoñado,

con los pinos vencidos

al rumor de la marea.

Entregada a su cuerpo

de Venus ondulante

la enamorada rama

del pino

se hizo noche.

La marina enredadera

-estola serpenteante-

soñó caer olvidada

sobre el esmalte

en el hombro

y su mirada turbadora

indagando por dentro

-orquídea, carmín y roca-

el ojo espectador

de la belleza primera.

Museo Reina Sofía. Madrid. Junto a Sonia de Klamery. Anglada Camarasa.

Antonio Colinas y Mónica Velasco nos proponen con este “poemario acompañado” una nueva forma de visitar la obra de Anglada-Camarasa, en una sugerente lectura-contemplación que permite explorar sendas entre los versos y las pinturas, un hermoso viaje entre la imagen y la palabra. Silvia PIZARRO ANGLADA

La lágrima del corzo


¿Qué nos importa, ya,
si oscurece la tarde?
¿Qué importa si el viento
nos trae a las pupilas
olor a incienso, a tierras altas?
¡Amémonos como lo quiere la vida!

¿No sientes el pulso suave
salirse entre los miembros?
¿No rompes en delirio 
en esta estancia sin prisa,
en este abismo de flores?
¡Amémonos como lo pide el mundo!

Escucha al mar 
cantar al fondo de sí mismo
esa canción profunda.
Hilar la tela
que sostiene al ruido.
Todo late esta tarde por nosotros
esperando el azar
de tu mirada, fortuita,
abriendo mi vestido.

La lágrima del corzo

Amanecer

En el azul abisal del horizonte.

Cuando tus ojos no alcanzan

la delgada línea

que hasta el cielo rompe.

Donde el azul del mar termina

en alianza de círculo

y comienza.

Allí te espero con mis naves,

con los naufragios todos

de mi mente.

En el azul

que al precipicio se abre

entre las ingles,

en las rieras de noche de tus cejas,

o comisuras de labios

que tristemente dicen…

Aguardo con mis redes

de sirena

a que surjas, con tu luz azul

de la tiniebla,

del transparente oleaje o

de la lluvia, surjas

ávido pez, sobre la bruma larga

sobre el picado mar

y me sorprendas.

Tórtola Valencia

¿Se deshará acaso

-hechizo en el dibujo-

mi ilusión tras

de la lluvia roja?

¿Acaso tu boca besará

abierta, tu frente,

tus extremos diluidos

bajo estrellas silvestres?

Oriente el oro

en tu cintura

precipita esta danza

en que me olvido.

Cierras los ojos

y adivino

tu movimiento alegre.

Vela extensa

entre la hoja desnuda.

Portada de TRAZOS, con Tórtola Valencia. Anglada Camarasa

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